Marcus Fabius Quintilianus o Marco Fabio Quintiliano (Calahorra, circa 39 – Roma, circa 95), fue un retórico y pedagogo hispanorromano.
Nació en Calagurris Nassica, actual Calahorra, cerca de Logroño, en la provincia hispanorromana de la Tarraconense. Hizo sus primeros estudios en Roma, donde su padre ejercía la profesión de retor o abogado; allí adquiere una cultura general muy completa siguiendo las lecciones de Remio Palemón y Servilio Nonanio en literatura y de Domicio Afer en elocuencia. Regresa a España en el año 61 cuando Nerón nombra a Galba gobernador de la Tarraconense. Durante siete años, es profesor de elocuencia y abogado. Vuelve a Roma en el año 68 tras el asesinato de Nerón, cuando es proclamado Galba emperador, y desarrolla una brillante y reconocida carrera de veinte años como abogado y profesor de retórica en la Roma de Vespasiano, Tito y Domiciano. Abrió una escuela pública de retórica que obtuvo un gran éxito y le hizo ganar alrededor de cien mil sextercios al año. Le fue encomendada la educación de los sobrinos de Domiciano y los hijos de la emperatriz Domitila. Su fama proviene sin embargo de ser el mejor profesor de retórica del mundo antiguo junto a Isócrates. En esta materia alcanzó un prestigio tal que se le nombró profesor oficial de la materia con retribución pública. Era amigo del científico Plinio el Viejo, el esritor romano Plinio el Joven fue alumno suyo y quizá lo fue incluso el historiador Tácito. Tras consumir esos veinte años como abogado y profesor, se retiró el año 89 para dedicarse a escribir rodeado de honores (los ornamenta, los consularia y la laticlavia (toga con una banda en su borde de color púrpura que sólo podían vestir los
nobles romanos). El fin de su vida está señalado con una serie de dramas familiares: el mismo año de su retiro, 89, perdió a su mujer, que tenía 19 años; en el 90, a su hijo primogénito, que contaba cinco; en 95, al segundo, con diez. Escribió primero un diálogo que se ha perdido en que expone su propia posición sobre la creciente corrupción del arte de la elocuencia (De causis corruptae eloquentiae) y, poco antes de fallecer, divulgó su obra mayor: De institutione oratoria. Son espurias dos colecciones de declamaciones que se le atribuyen (“Maiores” y “Minores“). Murió probablemente poco antes del asesinato del emperador Domiciano, en el año 95.
Su obra: Su fama proviene de su Institutio Oratoria (c. 95 d. C.), una obra enciclopédica que recoge todo cuanto es necesario para formar a un orador, en doce volúmenes. Como modelo supremo propone a Cicerón. En los dos primeros libros, Quintiliano trata la educación elemental y los métodos para la formación básica en el campo de la Retórica. Dedica los nueve libros siguientes a los fundamentos y técnicas de la oratoria. El Libro X es el más conocido; en él aconseja la lectura como elemento fundamental en la formación de un orador y contiene un famoso estudio sobre las personas que escribieron en griego y latín. El último libro presenta el conjunto de cualidades que debe reunir quien se dedique a la Oratoria, tanto en lo referente al carácter como a la conducta.
La Instrucción del Orador. 1, 4, 1-5: El primer lugar en la preparación del niño que ha alcanzado la capacidad de escribir y leer le corresponde a los gramáticos. Me refiero indistintamente al griego o al latino, aunque es preferible que el griego sea el primero: el camino es el mismo en ambos casos. Esta enseñanza, en efecto, a pesar de que se divide, en suma, en dos partes -el arte de hablar correctamente y el comentario de los poetas-, comprende en el fondo más que lo que se revela en apariencia. En efecto, la habilidad de escribir va aparejada a la de hablar, la lectura correcta antecede al comentario, y en todas estas actividades se encuentra presente el juicio crítico, al cual recurrieron ciertamente los gramáticos antiguos con tanta rigidez que no sólo se permitieron señalar con una tachadura de corrección los versos y eliminar de la obra de un autor como apócrifos los libros que les parecían atribuidos de forma espúrea, sino que a unos autores los incluyeron en una relación ordenada, mientras a otros los excluyeron completamente de la nómina.
La Instrucción del Orador, 3, 3, 1-3: El sistema completo de la oratoria, como han transmitido la mayoría de los autores más sobresalientes, consta de cinco partes: la búsqueda de argumentos (inuentio), la organización (dispositio), el estilo (elocutio), la memoria (memoria) y la representación (pronuntiatio) opuesta en escena (actio) -pues de ambas formas se dice-. Todo enunciado, a través del cual se expresa alguna intención, es preciso que tenga contenido, tema (rem) y expresión formal, palabras (uerba).