Eneas, aprovechó la calma para desembarcar cerca de Cartago.
La ciudad de Cartago tenía un enorme puerto y grandes edificios. Era una ciudad muy populosa y allí tenía sus dominios la reina Dido.
Juno, siempre atenta para perjudicar a Eneas, lo hizo llegar hasta allí con el propósito de que la reina Dido se enamorase de él y lo convirtiera en rey de Cartago. De esa manera Juno, aseguraba que Eneas perdiera el rumbo que su vida debía llevar.
Venus, la madre de Eneas, se percató de la trampa que Juno estaba tramando y fue directamente al monte Olimpo a suplicarle ayuda al dios de los dioses, Júpiter. Este, conmocionado por la sinceridad y el dolor de Venus consintió en ayudarla.
Cupido, su hijo, le dijo que Eneas y Dido se amarían profundamente, pero que esa pasión solo duraría un tiempo. De este modo Eneas podía cumplir su glorioso destino de ser el fundador de una nueva raza que dominaría el mundo.
Cuando Eneas, con un grupo de amigos, se aventuró a explorar la zona, vieron a una amable cazadora que les dio las explicaciones necesarias para llegar a Cartago sin problemas y les dijo que la reina Dido los ayudaría. Eneas reconoció que la cazadora era su hermosa madre, la diosa Venus. Antes de despedirse, Venus los envolvió en una nube de espesa niebla y los acompañó hasta el centro mismo de la ciudad. De este modo atravesaron las puertas sin llamar la atención.
Los visitantes, pudieron apreciar el tamaño descomunal de los edificios y el poderío comercial.
Cuando Dido vio que su amado, eneas estaba preparando todo para irse y se sintió traicionada. Llorando lo increpó:- ¿Porqué me haces esto, Eneas? ¿Acaso no te he entregado mi amor? ¿Qué hice yo, para que me trates de este modo?
Eneas trató de calmarla explicándole:- Dido, tengo una misión que cumplir en otras tierras. No me hagas aún más difícil cumplirla. Por favor, no llores más, pues es deseo de los dioses que así sea.
Dido, no podía comprender las razones y se encerró en el palacio para llorar su amargura.
En silencio, Eneas y sus hombres partieron apenas se puso el sol. Desde el mar podía ver la ciudad y los destellos de unas llamas.
Dido había echado al fuego todas las pertenencias de Eneas y en un rapto de locura, luego se arrojó ella misma mientras imploraba a los dioses que la vengaran de semejante traición.